AT&T México informó que durante el segundo trimestre de 2026 perdió 668,000 clientes de prepago. La compañía atribuyó esta reducción al proceso obligatorio de vinculación de líneas móviles con la identidad de sus titulares. La cifra se suma a las 541,000 líneas de recarga que había perdido entre enero y marzo. En conjunto, más de 1.2 millones de clientes de prepago salieron de su base durante los primeros seis meses del año.
El dato confirma algo que desde el inicio era previsible: cualquier regulación que condicione la continuidad del servicio a la realización de un trámite terminará generando desconexiones.
No necesariamente porque todos esos números pertenecieran a delincuentes o fueran utilizados para cometer extorsiones, sino porque el mercado de prepago incluye líneas secundarias, chips utilizados ocasionalmente, personas con dificultades para completar procedimientos digitales y usuarios que simplemente decidieron no entregar sus datos personales.
Perdió clientes, pero no dejó de ganar dinero
Sería incorrecto afirmar que AT&T México terminó el trimestre con una pérdida generalizada.
A pesar de la caída en prepago, la empresa reportó ingresos por 1,224 millones de dólares durante el segundo trimestre de 2026, un crecimiento anual de 16.1%. Su EBITDA —un indicador utilizado para medir el desempeño operativo antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones— alcanzó los 227 millones de dólares, con un incremento de 12.9%.
La empresa también sumó aproximadamente 369,000 clientes de pospago durante abril, mayo y junio. Este crecimiento ayudó a compensar una parte considerable de las desconexiones ocurridas entre quienes utilizan recargas.
El tipo de cambio también favoreció la presentación de los resultados en dólares.
Por lo tanto, la conclusión financiera necesita matices: el registro obligatorio sí tuvo un costo para AT&T, pero ese costo no se reflejó en una caída de sus ingresos operativos. La afectación más evidente apareció en el volumen de líneas de prepago y en la composición de su base de clientes.
La utilidad neta, sin embargo, habría bajado a 38 millones de dólares, ocho millones menos que en el mismo periodo del año anterior. Esto demuestra que una empresa puede aumentar sus ingresos y su EBITDA mientras enfrenta presiones en otras partes de su operación.
El cliente de prepago fue quien absorbió el golpe
El problema no está distribuido de manera uniforme.
Los clientes de pospago normalmente ya tienen una relación contractual más sólida con la compañía. La operadora cuenta con sus datos, métodos de pago, domicilio y documentación. Para muchos de ellos, la vinculación de la línea pudo realizarse con menos dificultades o mediante procesos internos.
El usuario de prepago funciona de otra manera. Puede comprar una tarjeta SIM sin comprometerse con una mensualidad, utilizarla de manera temporal, mantener más de una línea o dejarla sin saldo durante largos periodos.
Ese modelo es precisamente el que más resiente una obligación adicional de identificación.
Las cifras del primer trimestre ya habían mostrado esta tendencia. Diversos reportes señalaron una reducción agregada de aproximadamente 577,000 líneas en AT&T, resultado de fuertes pérdidas en prepago parcialmente compensadas por nuevas contrataciones de pospago. En el mercado mexicano, Telcel y algunos operadores móviles virtuales también registraron disminuciones y una menor captación de usuarios después de la entrada en vigor del registro.
Esto significa que no estamos ante un efecto aislado de una sola empresa. Estamos frente a una modificación del comportamiento del mercado provocada, al menos parcialmente, por una decisión regulatoria.
No todas las líneas desconectadas eran líneas criminales
Uno de los riesgos de presentar estas cifras sin contexto es asumir que cada número eliminado representa un éxito contra la delincuencia.
No existe evidencia pública suficiente para sostener esa conclusión.
Una línea puede haber desaparecido porque estaba abandonada, porque era utilizada como respaldo, porque su propietario no pudo completar el trámite, porque los datos no coincidieron o porque el usuario rechazó el procedimiento.
También debe recordarse que el registro enfrentó problemas desde su implementación. Durante los primeros días fueron documentados errores técnicos, fallas en los portales y vulnerabilidades que incluso permitieron realizar registros con identidades falsas generadas mediante inteligencia artificial.
En junio, ante el lento avance del proceso, las autoridades terminaron aprobando una prórroga y un calendario escalonado para las líneas de prepago, a pesar de que previamente habían insistido en que el plazo no sería ampliado.
Por eso, contar líneas desconectadas no equivale a medir delitos evitados.
Para determinar si la política funcionó habría que conocer cuántas extorsiones disminuyeron, cuántas investigaciones fueron resueltas gracias al registro, cuántas líneas fueron vinculadas con identidades robadas y cuántos usuarios legítimos quedaron temporalmente sin servicio.
Hasta ahora, la información disponible describe mejor el costo comercial de la medida que sus resultados en materia de seguridad pública.
AT&T pudo absorberlo; el usuario quizá no
Desde la perspectiva empresarial, AT&T consiguió amortiguar el impacto.
Perdió usuarios de menor gasto promedio, pero aumentó su base de pospago, elevó sus ingresos y mantuvo el crecimiento de su operación. Esto podría incluso mejorar algunos indicadores financieros si los clientes que permanecen generan mayores ingresos mensuales.
Pero desde la perspectiva ciudadana, la lectura es diferente.
El prepago es utilizado principalmente por quienes buscan flexibilidad, control del gasto y ausencia de contratos prolongados. También es fundamental para personas con ingresos variables, trabajadores informales, adultos mayores y usuarios que no desean entregar más información de la necesaria para acceder a un servicio de comunicación.
Cuando una política pública dificulta o condiciona el acceso a ese modelo, el costo no necesariamente termina en los estados financieros de las grandes empresas. Puede trasladarse hacia quienes tienen menos herramientas para cumplir el trámite o menos incentivos para conservar una línea.
La regulación ya tiene un costo; falta demostrar el beneficio
Las cifras de AT&T México no prueban que el registro obligatorio haya fracasado, pero tampoco demuestran que haya cumplido su objetivo.
Lo que sí muestran con claridad es que la medida produjo consecuencias económicas y comerciales: redujo la base de prepago, alteró la captación de clientes y obligó a las empresas a absorber costos de implementación, validación y atención.
AT&T logró compensarlo gracias al crecimiento del pospago y a condiciones financieras favorables. Eso no elimina el impacto; únicamente demuestra que una compañía de ese tamaño tiene capacidad para resistirlo.
La pregunta de fondo sigue pendiente:
¿La desconexión de más de un millón de líneas de prepago en una sola empresa produjo una reducción comprobable de las extorsiones y los fraudes telefónicos?
Mientras las autoridades no presenten esa comparación, será difícil hablar de éxito.
Por ahora, el registro obligatorio ya tiene una factura visible. Sabemos cuántos clientes perdió AT&T y cómo consiguió compensarlos. Lo que todavía no sabemos es cuánta seguridad ganó México a cambio.