Regulación y Leyes 7 min de lectura 34 vistas

Regular algoritmos no es censura automática, pero mentir con los ejemplos sí contamina el debate

La presidenta de México abrió una discusión necesaria: la regulación de las redes sociales, los algoritmos de recomendación y los diseños digitales que buscan mantenernos pegados a la pantalla.

Por Luis de CiberConcienciaDigital
Publicado el 02 de June de 2026
Actualizado el 03 de June de 2026
Regular algoritmos no es censura automática, pero mentir con los ejemplos sí contamina el debate

El tema importa. No es menor. Hoy buena parte de la opinión pública, el entretenimiento, la información política y hasta la percepción de la realidad pasan por plataformas digitales que deciden qué vemos, cuánto vemos y qué nos recomiendan después.

Pero una discusión tan delicada necesita precisión. Porque regular plataformas no es lo mismo que regular opiniones. Regular algoritmos no es lo mismo que censurar contenidos. Y prohibir ciertos diseños adictivos para menores no equivale a prohibir el “scrolling” para toda la población.

Ahí está el problema: la presidenta usó un ejemplo parcialmente cierto, pero mal explicado.

Brasil no prohibió “el scrolling”

Durante su intervención, la presidenta afirmó que Brasil “prohibió lo que se llama en inglés el scrolling”, refiriéndose al acto de deslizar la pantalla en redes sociales.

Eso es incorrecto.

Brasil no prohibió desplazarse por una pantalla. Lo que reguló fue el uso de prácticas consideradas manipulativas o adictivas, como el feed infinito y la reproducción automática, dentro de una ley enfocada principalmente en la protección de niñas, niños y adolescentes en ambientes digitales.

La diferencia es enorme.

“Scrolling” significa simplemente desplazarse por contenido. Es una acción básica de cualquier sitio web, aplicación móvil, documento digital o red social. Prohibirlo sería absurdo e impracticable.

Lo que sí está bajo discusión en distintas partes del mundo es el “infinite scroll” o desplazamiento infinito: el diseño que evita puntos naturales de pausa y mantiene cargando contenido sin que el usuario tenga que tomar una decisión consciente para continuar.

No es lo mismo mover la pantalla que diseñar una plataforma para que nunca termine.

El algoritmo no vive solamente en el scroll

Otro error importante fue presentar el scroll como el lugar donde “entra el algoritmo”.

El algoritmo no depende del scroll. Puede operar en un feed infinito, en una página de inicio, en una búsqueda, en una sección de videos sugeridos, en notificaciones, en anuncios, en tendencias o incluso en una lista aparentemente normal.

El scroll infinito es una interfaz.
El algoritmo de recomendación es un sistema de clasificación y predicción.
El contenido es otra capa distinta.

Confundir estas tres cosas debilita el debate público.

Una regulación seria tendría que separar, al menos, cuatro temas:

  1. Transparencia algorítmica.
  2. Protección de menores.
  3. Diseño adictivo o manipulativo.
  4. Moderación y alcance del contenido.

Meter todo en la misma bolsa puede terminar en una ley mal hecha o, peor aún, en una regulación que bajo el pretexto de proteger usuarios termine abriendo la puerta a controles indirectos sobre la circulación de información.

TikTok no inventó el desplazamiento infinito

La presidenta también dijo que este esquema fue incorporado por TikTok y que después otras redes lo adoptaron.

Eso también es impreciso.

TikTok sí popularizó de forma brutal el feed vertical de video corto, altamente personalizado y diseñado para consumo continuo. Pero no inventó el desplazamiento infinito.

Antes de TikTok, redes como Facebook, Twitter e Instagram ya utilizaban feeds continuos o sistemas de recomendación. Lo que TikTok hizo fue llevar ese modelo a un nuevo nivel: videos cortos, pantalla completa, señales de comportamiento muy rápidas y una página “Para ti” que aprende de forma agresiva qué mantiene la atención del usuario.

El problema no nació con TikTok. Pero TikTok sí aceleró la normalización de una experiencia digital donde el usuario siente que el contenido aparece solo, sin que quede claro qué parte fue elección personal y qué parte fue inducción algorítmica.

El tiempo de visualización importa, pero no es lo único

Otro punto simplificado fue decir que el algoritmo depende de los segundos que una persona se queda viendo un tema.

Eso es parcialmente cierto, pero incompleto.

Las plataformas sí utilizan el tiempo de visualización como una señal poderosa. Si alguien se queda mirando cierto tipo de contenido, el sistema puede interpretar que le interesa, aunque la persona lo haya visto por morbo, enojo, miedo o simple sorpresa.

Pero los sistemas de recomendación no usan una sola variable. También pueden tomar en cuenta interacciones como likes, comentarios, veces que se comparte un video, cuentas que se siguen, búsquedas, hashtags, idioma, ubicación aproximada, tipo de dispositivo y otros patrones de comportamiento.

Por eso el problema no es únicamente “me quedé viendo algo tres segundos”. El problema es que las plataformas convierten nuestra conducta en señales permanentes para moldear lo que veremos después.

El verdadero riesgo: opacidad, manipulación y pérdida de control

Aquí la presidenta sí toca un punto relevante: los algoritmos no son suficientemente transparentes.

Las plataformas suelen publicar explicaciones generales sobre cómo recomiendan contenido, pero no revelan con claridad los pesos exactos de sus variables, sus pruebas internas, sus criterios comerciales, sus cambios de modelo ni el impacto social acumulado de sus sistemas.

Eso significa que el usuario vive dentro de una experiencia personalizada, pero no plenamente comprensible.

El ciudadano cree que está eligiendo libremente todo lo que ve, pero en realidad está interactuando con una arquitectura diseñada para maximizar permanencia, interacción, reacción emocional y rentabilidad publicitaria.

Eso no siempre equivale a censura. Pero sí puede convertirse en manipulación, radicalización, exposición repetida a fraudes, desinformación o contenidos dañinos.

Desde Ciber Conciencia Digital, el punto central no es defender a las plataformas ni pedir que el gobierno controle internet. El punto es exigir que cualquier discusión sobre regulación sea técnicamente correcta, constitucionalmente cuidadosa y centrada en los derechos de los usuarios.

Regular plataformas puede afectar la libertad de expresión

La presidenta afirmó que no se estaría regulando la libertad de expresión. Pero este punto debe manejarse con muchísimo cuidado.

Regular contenidos, alcance, recomendación o visibilidad puede afectar indirectamente la libertad de expresión, aunque no se censure una frase de manera directa.

En México, la Constitución protege el derecho a buscar, recibir y difundir información e ideas por cualquier medio. También prohíbe mecanismos indirectos que impidan la transmisión y circulación de ideas.

Por eso, una regulación de algoritmos no puede redactarse al vapor ni desde una ocurrencia de conferencia mañanera. Debe discutirse con especialistas en tecnología, derecho constitucional, infancia, privacidad, competencia económica, periodismo, ciberseguridad y derechos digitales.

Una mala regulación podría terminar beneficiando al poder político de turno, no a los ciudadanos.

La discusión sí debe abrirse, pero no desde el miedo ni la confusión

El debate sobre algoritmos, redes sociales e inteligencia artificial es urgente. La preocupación no es exclusiva de México. Gobiernos, organismos internacionales, académicos, familias, periodistas y líderes religiosos han advertido que la tecnología puede amplificar desigualdades, manipulación y concentración de poder.

Pero para regular bien hay que entender bien.

No se puede decir que Brasil prohibió “el scrolling” como si los usuarios ya no pudieran deslizar una pantalla. No se puede atribuir a TikTok la invención de una práctica que existía antes. No se puede reducir un sistema de recomendación complejo a “los segundos que ves un tema”. Y no se puede afirmar que regular algoritmos jamás toca libertad de expresión.

La regulación digital es necesaria, pero también peligrosa si se hace mal.

México necesita discutir transparencia algorítmica, protección de menores, publicidad dirigida, diseño adictivo, explotación de datos personales y responsabilidad de plataformas. Pero también necesita blindar la libertad de expresión, evitar censura indirecta y garantizar que el Estado no use la regulación como herramienta de control político.

La pregunta no es si las plataformas deben rendir cuentas.
Claro que deben hacerlo.

La pregunta es quién las va a regular, bajo qué criterios, con qué límites, con qué transparencia y con qué garantías para los ciudadanos.

Porque una cosa es proteger a las personas del poder opaco de los algoritmos.
Y otra muy distinta es entregar al gobierno el poder de decidir qué algoritmo, qué contenido o qué conversación puede circular.

Esa diferencia puede marcar el futuro de la libertad digital en México.

Fuentes y Referencias

• - Brasil aprobó la Ley 15.211/2025, conocida como ECA Digital, enfocada en la protección de niñas, niños y adolescentes en ambientes digitales; no es una prohibición general del “scrolling” para toda la población.

• - Estudios recientes sobre TikTok señalan que la página “Para ti” responde tanto a señales explícitas como implícitas, y que los usuarios pueden tener dificultades para recuperar control cuando el sistema insiste en ciertos contenidos.

• - En México, los artículos 6º y 7º constitucionales protegen la libertad de expresión, el acceso a la información y la circulación de ideas por cualquier medio, por lo que una regulación de plataformas debe evitar censura directa o restricciones indirectas.